
Tu hijo o hija dice que quiere dejar su deporte. ¿Qué le dices?
Tu hija dice que ya no quiere jugar. Tal vez después de un mal partido, tal vez de la nada, un martes cualquiera. Para muchos padres, es lo más difícil de escuchar. Le han dedicado años a esto juntos, y puede que haya dinero, un equipo y tus propios fines de semana de por medio.
“Ya no quiero jugar” suele ser el comienzo de una conversación, no el final. Pregunta qué hay detrás antes de responder.
Tu primera reacción
Lo que vas a querer decir
Las palabras que salen primero en una noche así, por qué salen tan fácil y por qué suelen fallar.
Las dos nacen del amor, y de saber lo que ella dejaría atrás. Las dos también le llevan la contraria a “Ya no quiero jugar” antes de que sepas qué quiere decir con eso.
Tu propia historia¿Alguna vez dejaste algo? ¿Alguien te hizo quedarte, o te dejó ir? ¿Cómo te sientes al respecto ahora?
La idea
Lo que realmente está pasando
La idea que explica esta noche, en palabras sencillas.
Por qué juega importa más que si juega esta semana
Piensa en algo que seguiste haciendo solo porque alguien lo esperaba, y en algo que elegiste. ¿En cuál pusiste tu mejor esfuerzo?
Los chicos suelen mantenerse motivados, y disfrutar su deporte, cuando se cumplen tres cosas:
Cuando falta una, la motivación suele bajar, y cuando a alguien le falta motivación, puede empezar a alejarse del deporte. “Ya no quiero jugar” puede ser una de las formas en que eso se nota. Sentirse presionada por sus padres para seguir jugando es una de las formas en que puede dejar de sentir que es su decisión.
Basado en: teoría de la autodeterminación
El camino a casa
Cuando lo diga
Qué hacer, en el orden en que va surgiendo.
Si te pega fuerte, está bien decir: “Quiero que hablemos de esto. ¿Podemos hablar mañana?” y decirlo en serio.
Cuando esté lista:
Lo que podrías escuchar
Estar cansada todo el tiempo es parte del agotamiento (burnout), que es distinto a una mala semana (más sobre eso abajo). Pregúntale cuánto está haciendo, no solo cómo está jugando.
Pregúntale cuándo dejó de ser divertido. Su respuesta puede indicar cuál de las tres falta: sentirse capaz, sentir que es su decisión o sentir conexión.
Eso tiene que ver con sentirse capaz. Pregúntale por un partido reciente en lugar de discutirlo.
Luego, sigue la conversación. Repite lo que escuchaste, con sus palabras, o pregunta por algo que haya mencionado, de una forma que deje la respuesta en sus manos: “Cuéntame cómo han estado los entrenamientos últimamente.” Las ganas de arreglarlo, o de hacer que deje de sentir lo que siente, son tu señal para hacer mejor una de estas cosas.
Le toca decidir a ella: si quiere seguir jugando.
Te toca decidir a ti, como su mamá o papá: los tiempos, como si termina esta temporada. Escucha primero sus razones.
Práctica
Pruébalo
Un ensayo antes de la conversación real. Elige lo que más probablemente dirías y verás cómo suele caerle a tu hijo o hija, desde cerrar la conversación hasta abrirla.
Martes en la noche. Tu hija tiene quince años. Están lavando los platos juntos cuando ella dice, sin levantar la vista: “Creo que ya no quiero jugar voleibol.” ¿Qué le dices?
Cómo suele caerle esto a tu hijo o hija
Práctica
¿Y luego qué?
Aquí es donde la mayoría de los padres vuelve a los viejos hábitos. Elige lo que dirías después.
Le preguntas: “¿Qué hace que ya no quieras jugar?” Ella dice: “Es que ya no es divertido. Los entrenamientos son lo mismo todos los días.” ¿Qué le dices después?
Cómo suele caerle esto a tu hijo o hija
Si es algo más grande
Cuando es más que una mala racha
El agotamiento deportivo es distinto de una mala semana. Se nota en que se siente agotada, siente que logra menos y le importa menos el voleibol. Si eso dura semanas, habla con alguien que trabaje con deportistas jóvenes.
“Ya no quiero jugar” suele ser el comienzo de una conversación, no el final. Pregunta qué hay detrás antes de responder.
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- Notas completas de cada frase que pruebes, no solo lo más destacado
- Tres lecciones cortas: qué observar en el partido, cómo preguntar en el carro y cómo dejar en sus manos lo que sigue
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“De verdad me impresionó (¡y me sorprendió!) cómo adaptó los ejemplos y el lenguaje al deporte específico que escogí.”
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