
Tu hijo o hija está en una mala racha. ¿Qué le dices?
Tu hija lleva tres semanas en una mala racha rematando. Se está presionando, remata cada vez más fuerte, y no le está ayudando. Está más callada en la cena. Las malas rachas son difíciles de ver porque nada de lo que dices parece arreglarlas, y las ganas de arreglarlas crecen con cada partido.
No puedes batear por ella. Puedes ayudar a que una mala racha no se convierta en lo que ella cree que es.
Tu primera reacción
Lo que vas a querer decir
Las palabras que salen primero en una noche así, por qué salen tan fácil y por qué suelen fallar.
La primera suma una voz más a una cabeza que probablemente ya está llena de consejos de entrenadores y compañeras. La segunda es amable, y le responde con una predicción antes de preguntarle cómo lo ve.
Tu propia historia¿Alguna vez has estado en un bache en el que cada consejo lo empeoraba?
La idea
Lo que realmente está pasando
La idea que explica esta noche, en palabras sencillas.
Fíjate en cómo explica la mala racha, no solo en los números.
Piensa en una temporada en el trabajo en que nada salía bien. “Este proyecto es un desastre” y “No sirvo para mi trabajo” se sienten muy distinto para el viernes.
“Le estoy pegando fuerte, directo a su líbero.”
“He estado llegando tarde en mi carrera de ataque.”Sobre esta racha: mala suerte, o algo en lo que puede trabajar.
“Ya no meto ni un remate.”
“Es que soy malísimo.”Se echa la culpa, y suena permanente. Cuando una chica explica los tropiezos así, y eso se extiende más allá del voleibol, puede dejar de intentarlo porque el esfuerzo ya no parece importar.
Más consejos quizá no sean la respuesta. Los jugadores que reciben consejos con frecuencia suelen apoyarse en ellos en vez de en su propia sensación. Y pensar en la mecánica durante un partido, como su carrera de ataque, puede sacarla de simplemente competir.
Basado en: teoría de la atribución, investigación sobre la indefensión aprendida, investigación sobre aprendizaje motor y retroalimentación, e investigación sobre la atención bajo presión
El camino a casa
En el carro
Qué hacer, en el orden en que va surgiendo.
Si la mala racha también te pesa a ti, calma tu propia preocupación antes de sacar el tema. Ella normalmente se da cuenta cuando algo te preocupa.
Si no, déjalo así. Si ella quiere hablar:
Lo que podrías escuchar
“Le estoy pegando fuerte directo a su líbero.” Esa es una explicación sana: le está pegando fuerte y los puntos no están llegando. Déjala así.
Esa es la explicación a la que hay que prestar atención. En vez de discutirla, pregunta por un ataque. Un ataque es algo que ella puede analizar.
Tiene muchas voces en el oído. Esta noche, lo más útil puede ser una voz menos dando consejos.
Luego, sigue la conversación. Repite lo que escuchaste, con sus palabras, o pregunta por algo que haya mencionado, de una forma que deje la respuesta en sus manos: “Cuéntame de la que bateaste duro.” Las ganas de arreglarlo, o de hacer que deje de sentir lo que siente, son tu señal para hacer mejor una de estas cosas.
Le toca decidir a ella: en qué trabajar, y a quién hacerle caso.
Práctica
Pruébalo
Un ensayo antes de la conversación real. Elige lo que más probablemente dirías y verás cómo suele caerle a tu hijo o hija, desde cerrar la conversación hasta abrirla.
Tu hija tiene dieciséis años y lleva tres remates ganadores en sus últimos cuatro partidos. En el carro dice: “Ya no meto ni un remate.” ¿Qué le dices?
Cómo suele caerle esto a tu hijo o hija
Práctica
¿Y luego qué?
Aquí es donde la mayoría de los padres vuelve a los viejos hábitos. Elige lo que dirías después.
Le dices: “Cuéntame cómo fue un balón que remataste esta noche.” Ella dice: “Segundo set, le pegué fuerte a uno. Directo a su líbero. Como siempre.” ¿Qué le dices después?
Cómo suele caerle esto a tu hijo o hija
No puedes batear por ella. Puedes ayudar a que una mala racha no se convierta en lo que ella cree que es.
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“De verdad me impresionó (¡y me sorprendió!) cómo adaptó los ejemplos y el lenguaje al deporte específico que escogí.”
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